lunes

aprendí de mi madre la palabra “invisible”

mirándola cuando se peinaba.

Una palabra afilada y aceitosa,
con algo de cartílago animal.

Me recordaba al antílope, mi madre:
sus huesos finos, sus caderas gráciles,

y sus colores bronceados, también. 
Tenía cosas que no podían verse

debajo de sus uñas y su pelo,
debajo del vestido y del polvo de su cara

y del perfume, incluso, de ese polvo
y todavía debajo de su piel.

De su encanto discreto, como de hoja
de árbol, finalmente aprendí a esconderme.

Aprecio los visillos, las enaguas,
los echarpes y las medias de seda,

los anteojos oscuros, los papeles
para forrar cuadernos, los esmaltes,

las hebillas de nácar, las palabras.

Esas palabras que fueron forjando
mi dura vara para medir las cosas.

Y esa palabra invisible y poderosa.
La palabra mágica. La clave

de la esperanza y la transmutación.
Ese unicornio que peinabas, madre. 

Carina Sedevich.

domingo

las nubes se amontonan

Parecía ser el tipo de vida que queríamos.
Comíamos frutillas con crema a la mañana.
Entraba el sol en todas las habitaciones.
Paseábamos desnudos por la orilla del mar.

Sentíamos, sin embargo, algunas noches
incertidumbre por lo que pudiera suceder.
Igual que actores trágicos en un teatro en llamas,
con pájaros rondándonos en círculos,
extrañamente quietos los sombríos pinos
y cada piedra bajo nuestros pies roja por el crepúsculo.

Estábamos de vuelta en la terraza tomándonos un vino,
¿por qué siempre el atisbo de un final infeliz?
Unas nubes de aspecto casi humano
se iban amontonando sobre el horizonte; 
el resto seguía siendo igual de hermoso:
soplaba suave el viento, el mar en calma.

Cae sobre nosotros de súbito la noche, sin estrellas.
Encendés una vela, y la llevás, desnuda,
a nuestra habitación y la apagás de pronto.
El pasto y los sombríos pinos extrañamente quietos.

Charles Simic traducido por Zaidenwerg.

viernes

cuando el mundo es puesto en duda

Entre verso y verso se instala una pausa 
donde el mundo es puesto en duda: entonces 
pongo mi amarga cabeza a circular por el jardín. 
Busco un rumor terrenal 
a un costado de la escritura consciente. 
Palpo un higo maduro, una dalia inclinada 
por el peso del agua 
hacia este oscuro planeta. No residen aquí, 
en estos suaves, acuerdos, las negaciones 
de la existencia, su sonido negro. Al pie del muro 
un susurro de violetas, la humedad feliz 
de la vida individual. Del otro lado 
los días de la muchedumbre que alza los puños 
poseída por un conocimiento decisivo. Estas cosas 
han optado por sí mismas. Toman la tierra 
por asalto, la fecundan con un sentido 
que me estoy debiendo. Ahora suena un disparo:
¿debo elegir? ¿Mentir en la oscuridad de mi 
habitación? 
¿Cómo ser exacto? La época apresura su pánico 
dentro de mi cabeza, allí 
donde un aullido oscila oscuramente 
de un extremo a otro de lo desconocido.
Joaquín Giannuzzi.

jueves

tristán

Tristán nació de Loba
lo recuerdo
la doberman mayor del Coronel;
era una bola movediza
de pelo negro.
Nunca habíamos visto
nada tan tierno como sus movimientos
reptando hacia las tetas
sus ojos cerrados en un placer
que nada puede sustituir

caía luego en la modorra de los hartos

A los seis meses le cortamos la cola
y las orejas
porque así se estilaba.
Lo amamos, esos días, como a nada o a nadie.
Nos levantábamos temprano
tan sólo para verlo
estirarse en la cucha
frotarse el hocico en nuestras manos
y volver a su posición de ovillo

Antes de que cumpliera el año
se lo llevaron con mentiras
no nos dijeron dónde
y fue para nosotros
algo muy parecido al fin de todo

Tiempo después
fuimos a la casa de amigos 
del otro barrio, el que estaba en el bajo
pegado al regimiento.
Esas casas eran todas iguales:
las mismas celosías de madera
pintadas de un verde que llamaban “militar”
vaya a saber por qué:
galería de tejas, columnas de madera
canteros con prolijas margaritas
como para mostrar que éramos gente
parecida a toda la demás

De pronto oímos un sonido
metálico y agudo
como un desplazamiento
de acero sobre acero
y un pesado trepidar de patas
en trote sobre el césped.
Cuando alzamos la vista
un animal enorme, oscuro
los ojos como llamas
el hocico retraído liberando los dientes
emitía el farfeo contenido
de las bestias a punto de saltar
Su expresión era de un odio tan perfecto
que nos dejó sin aire.

Lo reconocimos por una marca
que le había quedado en una oreja
en un error del corte
y una manchita mas clara sobre uno de los ojos
No hemos podido
-es difícil - olvidar
ese momento en que el amor mas profundo
se convierte en el peor de los miedos.
Alejandro Mendez Casariego.

hay lugares que están más llenos de espera

que otros
cabezas
más llenas
de un fuego
del tiempo que otras es una
historia que camina mientras duerme
he recibido un talismán
desde el otro lado de la espera
duermo el tiempo
desde que
ardo sin
consumirme
puesto que soy esa zarza


Henri Meschonnic en Puesto que soy esa zarza.

miércoles

cuando compro cuadros

o lo que es más exacto
cuando miro aquello de lo que puedo pensarme como la dueña imaginaria,
me detengo en lo que me daría placer en un momento cualquiera:
la sátira de la curiosidad en la que ya no se discierne
más que la intensidad del entorno;
o justamente lo contrario, el viejo objeto, la caja de sombreros medieval decorada,
donde hay sabuesos cuyas cinturas se van afinando como la cintura de un reloj de arena
y ciervos y pájaros y personas sentadas;
puede ser solo un cuadrado en el piso; la biografía literal quizás,
en letras separadas sobre un espacio extendido como un pergamino;
un alcaucil en seis variedades de azul; un jeroglífico en tres partes delgado como las patas de un pájaro;
el cerco de plata que protege la tumba de Adán, o Miguel tomando a Adán por la muñeca.
Un énfasis intelectual demasiado severo sobre esto o aquello desvía del propio placer.
No debe desear desarmar nada, tampoco el triunfo aceptado puede ser honrado fácilmente,
aquel que es grande porque otra cosa es pequeña
Se reduce a esto: de cualquier forma que sea,
debe ser ¨ iluminado por miradas puestas en la vida de la cosas¨;
debe reconocer las fuerzas espirituales que lo crearon.
Marianne Moore traducida por Laura Petrecca.

martes

basuras al amanecer

Esta madrugada, en la calle
dominado por una especie
de curiosidad sociológica
hurgué con un palo en el mundo surrealista
de algunos tachos de basura.
Comprobé que las cosas no mueren sino que son asesinadas.
Vi ultrajados papeles, cascaras de fruta, vidrios
de color inédito, extraños y atormentados metales,
trapos, huesos, polvo, sustancias inexplicables
que rechazó la vida. Me llamó la atención
el torso de una muñeca con una mancha oscura,
una especie de muerte en un campo rosado.
Parece que la cultura consiste
en martirizar a fondo la materia y empujarla
a lo largo de un intestino implacable.
Hasta consuela pensar que ni el mismo excremento
puede ser obligado a abandonar el planeta.
Joaquín Giannuzzi en Señales de una causa personal.