viernes

el héroe sin nombre

Y todas estas fotos vistas ahora, revisadas con la afiebradamente lúcida obsesión del insomnio (porque el insomnio posee una lucidez tenaz pero mayormente inútil) no reflejaban el fluir incesante de la existencia sino algo tan incomprensible como sus pausas congeladas, sus fisuras de silencio y sus estanques donde se paraliza el decurso de las cosas y los seres vivos. En cada uno de esos hiatos ¿qué había más allá de lo que podía verse? ¿No era presumible concebir un nuevo principio de existencia a partir de cada uno de esos congelamientos gestuales? ¿No promovían esos registros la ilusión correctiva de cada una de esas vidas, llevándolas a un punto de mayores méritos, de mayores virtudes y logros? ¿De más dicha, en todo caso?
Rodolfo Rabanal, El héroe sin nombre.

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