jueves

nadador fugaz, pájaro negro

El agua huye del cuerpo que la surca,
se abre en canal melódico, concede
caricia al nadador, de cuerpo entero,
y en armónico olvido, repentina
cierra su huella en tersa, virgen luz,
cancela el suceder, concéntrico temblor disipa,
expulsa la memoria del intruso, cicatriza
impasible y celeste,
en plácida, verde, dulce calma,
otra vez víspera entera y ya por fin sin nadie.

Grande es el peso de otra vida
posada en la flexible rama blanca del cerezo.
Cimbra dócil la florida firmeza,
se curva, oscila, acepta, pero vuelve
a su invicto nivel en bailarín temblor,
y a la respiración libre y azul,
por donde negro pájaro se aleja
llevándose su sombra, su tenue demasía
de huésped excesivo.

César Mermet, 1976, mediante la página oficial.

3 comentarios:

ema dijo...

Ay, Julio, Julio, cómo me ganaste de mano... Pensaba publicar exactamente el mismo poema de Mermet en calle desconocida. Hay algunas imágenes que me arrastran hacia Juan L. Ortiz pero tengo que pensar más esta correspondencia.
abrazo,
e.

El flaco de la bicicleta blanca dijo...

César Mermet nos ganó de mano, parece Ema.
Ortíz y Mermet. Mermet y Ortíz. Grandes poetas ambos, y es cierta tu apreciación:

"Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río!"

Un beso Ema, nos vemos en la "Calle".

ema dijo...

Las imágenes de Mermet me arrastraban precisamente como a un río (y ahí, claro, está Ortiz...). Bello el poema que elegiste, Julio, bello. Un beso (nos vemos en cualquier calle), e.