domingo

libro i; capítulo iii

i
¿Te abarcan, acaso, el cielo y la tierra por el hecho de que los llenas? ¿O es, más bien, que los llenas y aún sobra por no poderte abrazar? ¿Y dónde habrás de echar eso que sobra de ti, una vez lleno el cielo y la tierra? ¿Pero es que tienes tú, acaso, necesidad de ser contenido en algún lugar, tú que contienes todas las cosas, puesto que las que llenas las llenas conteniéndolas? Porque no son los vasos llenos de ti los que te hacen estable, ya que, aunque se quiebren, tú no te has de derramar; y si se dice que te derramas sobre nosotros, no es cayendo tú, sino levantándonos a nosotros; ni es esparciéndote tú, sino recogiéndonos a nosotros. Pero las cosas todas que llenas, ¿las llenas todas con todo tu ser o, tal vez, por no poderte contener totalmente todas, contienen una parte de ti?
ii
¿Y esta parte tuya la contienen todas y al mismo tiempo o, más bien, cada una la suya, mayor las mayores y menor las menores? Pero ¿es que hay en ti alguna parte mayor y alguna menor? ¿Acaso no estás todo en todas partes, sin que haya cosa alguna que te contenga totalmente?

San Agustín de Hipona, Confesiones.

3 comentarios:

ema dijo...

Julito: Te quería desear un muy feliz 2008. Besos, e.

El Tano dijo...

che, espero que tu estómago no pretenda mucha más participación externa en estos días; o sea, al menos no en mi fiesta jajaja.

La vie c'est trés jolie, mon ami. Mis creadores (que no reparten su esencia entre vasos, salvo que hablemos de la de vainilla) han marchado hacia el sur buenosairino en búsqueda de la verité, o por ahí nada más para olvidarse de su prole un tiempito y atender menesteres conyugales, andá a saber. La cosa es que allá van, estoicos cual gansos en el zoo.

un abrazo abandónico

oh, stress!

Anónimo dijo...

Muy agradable de hecho probablemente voy a descargarlo. Gracias