viernes

éramos ratones,

temblando en un rincón de casa de mi madre, allá en la casa
enorme de mi madre. Mi madre, una princesa
sin príncipe y sin rey, ya entonces era frágil
como una veladora; su casa era un rincón adentro de su casa.
Dentro, llena de miedo, repartía a sus dos hijos
vestigios ínfimos de azúcar y de queso. Siempre fuimos ratones
allá en la casa enorme de mi madre. Los tres nos ocultábamos
en los resquicios, soñando con veneno para ratas, pues
éramos pequeños
e indeseables ratones, allá en la casa enorme de mi madre.
No sé quiénes serían los verdaderos dueños de aquella casa
enorme de mi madre. Los verdaderos dueños de los que
había que huir,
no sé quiénes serían, allá en la enorme casa
enorme de mi madre.

Acaso los ratones.


Óscar de Pablo en El baile de las condiciones.

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