domingo

se fueron los fantasmas que son voces

y no les gusta la luz. Sus fotos ya
empiezan a desteñirse. Pero ahora
escucho una canción colmada de falsetes
sólo para sopranos. Parece que rogara
aunque en verdad afirma, se asienta
en el cuerpo de una chica con vincha
de flores y pulseras de hilos coloridos
trenzados. Es como si llorase y a la vez
se riera. Está más viva que nadie
que todavía pueda hablar. Y canta:
“Quedate esta noche, si querés puedo
mostrarte de qué están hechos mis sueños
como si soñase con tu cara, estuve
afuera demasiado tiempo, te extraño
y no puedo imaginarme en otra parte,
en ningún otro lugar que no sea éste”.
La voz sube desde el cuenco de una mano
delicada que rasga un puñado de cuerdas
y aparece su rostro que adelanta
los labios para decir tantas sílabas
con “u” y con “i” de un idioma de climas
helados. ¿Cómo fue que la belleza
llegó a mostrarse? Honestamente
puedo escribir en verso o mandar
tu foto, no pensar en palabras
que te expresen. Mis amigos ya fueron
a unirse con la historia y el olvido,
pero viene tu coro y tu estribillo
que me repite que este mismo instante
se va: “Dicen que el amor está siempre,
tu siempre es todo lo que necesito,
quedate por favor todo lo que precises
aunque no te prometo nada y todo
se vaya a romper, pero te juro
que nunca me voy a ir, dale, quedate
acá conmigo”. No estás loca, sólo
crece algo en vos desde una breve herida
que le da juego a los tonos que te salen.
Y no podés dormir, la cama es una zona
de pensamiento futuro. Te vas
a caer en el amor –traducción literal–
que significa todo. Únicamente
los muertos no están presentes. “No puedo
imaginar que estoy en ninguna parte.”
Ésta es sólo una forma, una razón
para que sigás cantando. Ella no escucha
el sonido inaudible de mi lapicera
salpicando el cuaderno. Y parece decirme:
“Mientras estés acá conmigo, sé
que vamos a estar bien. Amor no es siempre
pero quiero tu siempre. No prometas
que las cosas no se van a romper
y aunque nacimos rotos, te daría
unas palabras que nunca se fueran.
No podría amar a cualquiera, fuimos creados
para una sola vez”. Y retorna la letra
y se aleja la música, resuenan
las cuerdas que sus dedos abandonan.
Amigos, era la vida naciente en persona.

Silvio Mattoni.

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