miércoles

cuando compro cuadros

o lo que es más exacto
cuando miro aquello de lo que puedo pensarme como la dueña imaginaria,
me detengo en lo que me daría placer en un momento cualquiera:
la sátira de la curiosidad en la que ya no se discierne
más que la intensidad del entorno;
o justamente lo contrario, el viejo objeto, la caja de sombreros medieval decorada,
donde hay sabuesos cuyas cinturas se van afinando como la cintura de un reloj de arena
y ciervos y pájaros y personas sentadas;
puede ser solo un cuadrado en el piso; la biografía literal quizás,
en letras separadas sobre un espacio extendido como un pergamino;
un alcaucil en seis variedades de azul; un jeroglífico en tres partes delgado como las patas de un pájaro;
el cerco de plata que protege la tumba de Adán, o Miguel tomando a Adán por la muñeca.
Un énfasis intelectual demasiado severo sobre esto o aquello desvía del propio placer.
No debe desear desarmar nada, tampoco el triunfo aceptado puede ser honrado fácilmente,
aquel que es grande porque otra cosa es pequeña
Se reduce a esto: de cualquier forma que sea,
debe ser ¨ iluminado por miradas puestas en la vida de la cosas¨;
debe reconocer las fuerzas espirituales que lo crearon.
Marianne Moore traducida por Laura Petrecca.

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